
Que la libertad sea un comentario de sobremesa,
un párrafo enfatizable en el discurso de un candidato,
no. Increíble.
Los inanimados colapsos del universo,
los de las escuelas primarias
y las esposas que usan -todavía-
su anillo de diamante,
son casualidades del mundo crudo,
cruel.
Las contracciones de la mujer
que ahora mismo está pariendo a un inmortal
destinado a morir,
y la lluvia de resaca del huracán,
y la canción del huracán,
son casualidades del pequeño momento:
Del momento de la vida.
Ese del que yo le hablo es un momento muy diminuto,
con respecto a la magna inmortalidad de la muerte.
O bien,
(y aunque no me lo crea)
resulta que la vida es asfixia
mientras la muerte respiro vital,
vida eterna.
Ni siquiera hemos podido entender eso,
y por ello invertimos demasiado tiempo en el gimnasio.