sábado, 14 de agosto de 2010

Invertir en software

La noche es un taller mecánico,
nel -mejor dicho-
una oficina de programación.


Ahora, después de la reingeniería, no tengo necesidad de estar auditando los sucesos de cada momento. El sistema lo hace solo.

Trabaja en la noche, durante la etapa de descanso. Yo me acuesto pensando en nada o casi nada, y automáticamente al conciliar el sueño el sistema de depuración de estímulos se arranca by itself y ordena y despeja, selecciona, prioriza, y hace toda la chamba.

La maravilla de ello es que yo al otro día amanezco medio apendejado, pero sabiendo como por arte de hipnosis qué es lo que tengo que hacer en cada situación, con cada cosa, con cada persona, con cada pensamiento, con cada presentimiento, sentimiento y postsentimiento.

No es perfecto el nuevo software, puede que la cague de vez en cuando. Pero lo chido es que a la noche siguiente o -según la carga de trabajo que tenga el sistema- unas cuantas después, seré instruíudo para actuar de tal o cual forma para enmendar los errores cometidos.

Sí funciona, aunque apenas me voy adaptando.

Ha valido la pena invertir en software.

jueves, 12 de agosto de 2010

Con una chingada

Van dos,
cero y van dos clientes este año que me interrumpen el proceso de proyecto por haber sufrido una extorsiòn de parte de alguna compañìa nacional o trasnacional de delincuencia organizada.

Señores plagiarios:
vayan, pònganse una botas vaqueras (preferentemente de piel de buitre mal parido) y luego estrènenlas caminando con estilo cosmopòlitan rumbo a chingar a su reputa madre.

viernes, 6 de agosto de 2010

Chancló Van Dám (JCVD)

JCVD es el título de una peli del cineasta francés de orígen argelino Mabrouk El Mechri, que, como las siglas lo dicen, trata de una historia-ficción contada en primera persona por el monstruo belga de las artes marciales y las cintas de bajo presupuesto Jean Claude Van Damme.

La encontré -después de poner a trabajar minutos extra a los empleados del Blocbóster- en el apartado de COMEDIA, sabiendo hasta después de verla que tal etiqueta es una broma per se.

En ella, el mamado protagonista de Contacto Sangriento (cinta que marcó mi niñez para siempre junto con Operación Dragón de Bruce Lee) se caracteriza a sí mísmo en su natal Bruselas ya con cincuenta años a cuestas, una carrera de movie star en franco declive y la lucha en tribunales gringos por la custodia de su niña de ocho años, que declara con franqueza ante el juez que prefiere vivir con su mamá porque en la escuela se burlan de ella por se hija de un karateca de la pantalla.

Con este background, la vida de Chancló da un enorme giro por estar en mal momento en el lugar equivocado; siendo rehén de unos secuestradores principiantes que toman por asalto una oficina postal. El pedo es que estos delincuentes improvisados ponen al teléfono a Van Damme para que negocie los rescates de los ocho o nueve desafortunados ciudadanos que también se encuentran ahí retenidos. Por tal situación, la policía y toda la población belga cree que el autor de la extorsión es el mísmo ídolo de sus multitudes

(imagine ahora usted que en los años sesenta, el Santo enmascarado de plata está siendo protagonista y autor de un asalto a un Elektra... uf, ¡qué decepción!)

Mientras la prensa, las multitudes excitadas y las autoridades de la ciudad aguardan con morbo poder resolver el atraco afuera del local, Chancló intenta dialogar con los nerviosos plagiarios y velar por la vida de los otros rehenes.

Es en esos momentos de trance donde Van Damme le regala al espectador diálogos y monólogos que le pueden llevar de la desmesurada carcajada...

(como cuando uno de los malhechores le pide con amabilidad pero empuñando un revolver que practique tumbarle un cigarro de la boca de una patada ninja a otra de las víctimas, y ahí verá usted al cabizbajo actor cumpliendo los caprichos del idiota aquel; o como cuando explica que su último proyecto cinematográfico en puerta se lo acaban de dar a Steven Seagal porque prometió cortarse la coleta para la filmación)

...a la más conmovedora muestra de humana melancolía

(como cuando se descubre solo, hablándole a la cámara y narrando con lágrimas sus triunfos como hombre de mundo, su fatídico romance con la cocaína, sus ideas sobre mujeres, y su incapacidad para entender por qué llegó a hacer tanto dinero con tan poco talento, mientras muchos otros hombres sobradamente inteligentes mueren de hambre)

Durante el desarrollo de la historia, uno no deja de esperar con ansiedad el momento en el que Chancló (sí, Jean Claude Van Damme, el mítico héroe de pantalla siempre solitario y forajido de los ochentas y noventas) reaccione y les dé una dolorosa lección a esos imbéciles terroristas amateur.

La película es maravillosa. Cómica en instantes y en extremo desgarradora en otros. El clímax es intenso (mucho más de lo que algún día soñó Chancló en protagonizar) y el cine en general es delicioso: una música discreta pero muy bien ajustada a cada pequeño evento de la cinta; una fotografía poética y un guión que sugiere auténtica literatura contemporánea.

Y del final, qué le digo. La última escena es una pieza (por cierto, totalmente inesperada) en la cual Van Damme muestra al actor, y créame, no le pide nada al Taxi Driver de De Niro. Y es en ella -hablo de la escena- en la que el observador alcanza por fin a entender el por qué de tanta pirueta del destino. Todo eso sin palabras.

Neta: sí que se la recomiendo a usted.

(por mi parte, gracias Mire por el pitazo. Mira que ha valido la pena)

miércoles, 4 de agosto de 2010

Le puede suceder a usted

Le puede suceder a usted, que se le caigan los dientes en un sueño y que llore por ellos -por su pérdida- escuchando una rola de Cold Play.

Eso soñé hace tres noches, y lo más improbable de todo es que mi madre me llamaba a comer mientras tanto. Yo habré tenido nueve o diez en mi visión.

Cuando reparé mientras me dirigía a la mesa de mamá, me descubrí caminando por Paseo de La Reforma en pelotas, pero eso sí, con iPod instalado y ahora con Los Acosta a todo volumen.

Neta
(y eso que ya dejé la mota.)

lunes, 2 de agosto de 2010

Karate Kid

No me lo va usted a creer, pero el indósil destino me sentó en una butaca de cine ayer domingo en la nochecita, flanqueado a mi derecha por mi date: la chica que me hacía suspirar a los catorce y que hasta ahora (media vida despues) me dijo que sí salía conmigo; y al otro lado -a mi izquierda- por la amadísima novia de la prepa More a mis dieciséis, que reapareció en escena con marido y niñas y se le hizo buena idea aposentarse a mi lado para disfrutar de una peli doblada...

Karate Kid.

miércoles, 28 de julio de 2010

quimera con "los Doctores"

Previum

Antes de comentar, aclaro que de acá en adela cuando hable de "los Doctores", será refiriéndome a los compas más leídos y escribídos de la Universidad Autónoma, en la que colaboro como "diseñador-enseñador" de arquitectura. Son pues, amigos-camaradas-compañeros de trabajo con los que me puedo amable y cálidamente enfrascar en la discusión de una simple y llana coma indagante en un texto caulesquier.

"los Doctores" son eso: algunos doctores con doctorado y otros doctores aspirantes a; con un nivel educativo e intelectual chido, vaya, so very heavy. Aunque bueno, ya en confianza y conversando, bien podemos dedicarle alguna copla al vil albur (pero hasta hoy no se han dejado sonsacar para unos agaves en la cantina. Ya les convenceré)

Cuerpum

Se debatía sobre la propiedad del uso verbeado del término arquitectónico "acceso". O sea, si lo correcto era decir "acceder" o "accesar".

Y muy propio dijo uno de ellos:

"bien, dejémsolo así: las chicas acceden, y nosotros accesamos"

Conclusiónum

¡A huevo, carnal!

lunes, 26 de julio de 2010

Normal (cámara de incomodidad)

Nadie dijo nada al respecto, todos fingieron que era normal lo que estaba ocurriendo. Un ascensor es una cámara de incomodidad (que además sirve para transportarse.)

El tipo subió en el sótano número tres, y se distinguió de los dos pasajeros que ya venían ascendiendo desde el cuatro por su inmensa gordura. Me refiero a su enorme talla, a prominente barriga, a su espléndida acumulación de tejido adiposo.

En planta baja se les sumaron tres señoritas de muy buen ver (no sé, Luis dice que las bonitas siempre andan entre bonitas), y un anciano pulcramente trajeado. Le pidieron amablemente al gordo que les oprimiera los botones de los pisos doce y diecinueve respectivamente.

Los primeros diez niveles de ascenso fueron interminablemente incómodos (como siempre ocurre.) Todos, los siete pasajeros, sólo veían la pantallita de arriba de las puertas cerradas que indica el número del piso en que se está transitando. Uno –creo que el viejo- silbaba para disimular su ansiedad.

Para el nivel once, el obeso rompió el silencio reventándose un memorial pedo. El sonido fue seco y grave, y duró cosa de cuatro segundos.

(Por favor, haga usted el ejercicio. Cuente mentalmente hasta cuatro segundos, y ahora imagine esto adentro de un ascensor con siete personas. Un pedo magno)

Acto seguido, todos se fueron saliendo en sus correspondientes elecciones, según turnaba la campanilla que anunciaba los destinos de llegada.

Nadie dijo nada al respecto, todos fingieron que era normal lo que estaba ocurriendo. Un ascensor es una cámara de incomodidad (que además sirve para transportarse.)

El gordo fue el último en abandonar la cabina. En cuanto se quedó solo no paro de reír hasta llorar. Al abrirse las puertas en su piso, le vio salir con lágrimas en los ojos una señora elegante. Le preguntó ¿está usted bien?. El gordo la ignoró. Se dirigió al retrete a imaginar las muecas de la preocupada mujer al cerrar las puertas y fumarse el fétido aroma que aún retozaba en esa recámara móvil.

Luis –el gordo- me lo ha platicado todo esta mañana.