
jueves, 17 de marzo de 2011
Huelga huelga huelga

Rosarito

No te dieron
una mente fascinante
ni estatura, ni belleza,
ni unas tetas de revista,
ni voz,
ni tesitura de cantante.
un anillo de brillantes,
ni una bolsa de alegrías,
ni una vida de sonrisas,
y no te dieron recetados (nunca nunca)
coctelitos de calmantes.
Pero Rosarito, pero
-pero-
mientras existiera coca-cola, los Raleigh y los Montana,
despertadores descompuestos,
siete casillas continuas -en horizontal-
en el calendario en numerito rojo
(como de fines de semana),
batas de flores de descanso para toda la mañana,
solitarios en la mesa, compañeros para el dominó,
para amanecer chingando a su madre todos
bien cagados de la risa,
mientras tanto, Rosarito
valía la pena la puta vida.
(seguramente,
ahora mismo estás enseñándole a los naipes
a Pedro Infante:
"¡mueve ese culo, maricón!")
miércoles, 9 de marzo de 2011
Con una chingada: te amo

lunes, 7 de marzo de 2011
Del Catolicismo y unos cuantos cuentos de hadas

Antes de comenzar a externar mis opiniones sobre un tema ya de por sì delicado, me declaro un ciudadano respetuoso de la libertad de creencia.
Sin desconocer el contexto, por haber nacido en éste, un país netamente católico, y por haber cursado mis primeros y segundos años de colegio en instituciones religiosas, me atrevo a soltar ante el lector la siguiente hipótesis de opinión: el dogma Católico es un reduccionista cuento de hadas.
Me explico a continuación:
Como toda religión, la católica ha debido recurrir en sus inicios a la mitología para hacerse entender ante un público mayormente analfabeta. Así, desde el antiguo hasta el nuevo testamentos, los autores se vieron en la necesidad de hacer uso de la metáfora para explicar a los ciudadanos de a pie los conceptos que planteaban. Digamos, los valores universales que, según este dogma, se debían seguir para llevar una vida espiritual plena.
El problema con lo anteriormente expuesto es que, por naturales conveniencias políticas y de apego al poder, las altas esferas del gobierno eclesiástico han visto necesario alimentar las ambigüedades filosóficas de su religión por medio de estos cuentitos para dormir. Y así, los fieles no tienen más que creer a pies juntillas que la mar se abre, que los muertos resucitan, que las vírgenes les llaman, que los santos de barro lloran sangre, etcétera, etcétera, etcétera.
En pleno siglo XXI podemos ver en los países menos desarrollados –como el nuestro- que la gente desarrolla a diario la creencia de que las cosas caen del cielo, y que sólo basta arrodillarse y orar fervientemente para que una situación se solucione. Somos individuos que tenemos medio prohibido escuchar a la ciencia (ya no digamos leerla), y solemos ver con recelo a las artes que invitan a dar rienda suelta a las pasiones humanas como la sexualidad y la natural búsqueda del placer.
Lo que nació como una forma platicada y entendible de domesticar al instinto y trazar un camino para lograr una sana vida espiritual, hoy se ha vuelto un grillete pesado que obliga al alienado individuo a no pensar, y a abandonar toda perspectiva de libre albedrío, para ejecutar automáticamente la monopólica visión de la Santa Madre.
Nada nos separa del fundamentalismo islámico, cuando aseguramos que la única forma de alcanzar la inmortalidad es haciendo lo que las sotanas obligan, asumiendo que tales figuras de poder apenas y entienden el mundo desde los ojos de la filosofía pre-renacentista.
México es un pueblo analfabeta en concepto, que no lee más que la nota roja, o la del corazón. Que no sabe degustar el arte que no sea popular, que no conversa sobre ética, que confunde la moral con la fe, que basa su suerte en fetiches de yeso y colguijes de madera, que funda el diálogo con su dios a partir de versos de autoflagelación repetitivos automáticamente –como el Santo Rosario-, que no encuentra diferencia entre la espiritualidad y la superstición. Que no logra indagar los contrastes entre el auténtico ritual, y la pintoresca tradición.
viernes, 4 de marzo de 2011
Soy feo

Soy feo. Nací feo, muy feo. Nací en un sanatorio de feos, en manos de doctores feos y enfermeras y camilleros y pacientes feos; en una comunidad donde todos son feos por tradición.
Decidí no darme por vencido tan fácilmente. Al confirmar que los deportes no eran lo mío, me refugié en los libros. Habían otras historias en el cine donde el tipo brillante le ganaba la chica rubia al orangután de gimnasio. Pero, amigos, a los quince la realidad es totalmente otra. Además de corroborar que los libros no sirven de nada sin una memoria de elefante; y la mía es apenitas de ratón.
martes, 1 de marzo de 2011
En clase
Hacemos arquitectura con frutas, caminos con aserrín, miel de abeja con moscas, pasteles con lodo, mascarillas de uhu / hacemos canciones con ringtones, aplausos con cartón, casas y mansiones para ricos de nieve seca, bromas con panfletos electorales, matrimonios con anillos de alambrillo… ¿acaso te jode que hayamos perdido la razón?
viernes, 18 de febrero de 2011
Cuánta (pinche) arrogancia

No se aprende nada al paso de la vida. No se aprende a caminar teorizando, sólo se camina y ya. Se cansan las piernas de estar sentado, y se levanta uno y camina. Es instintivo. Vivir es instintivo, no es necesario hacer un libro sobre cómo comer, o sobre cómo respirar o tener sexo. Es un charlatán el que explica a los demás cómo se vive, y es un reverendo idiota el que quiere hacer una bitácora de su kilometraje para no volverse a equivocar. Los teóricos de la vida son incapaces de provocar o provocarse un orgasmo. Las quimeras existenciales sólo rellenan el tiempo de los que están miedosos de simplemente vivir, de salir a la calle y saludar a un extraño, de zarpar y ver qué tiene la mar y hacerle frente y morir ahogado al final de la jornada, para ratito después cenar y eructar en la mesa de Dios.
Los estudiosos de cada paso sólo miran al piso para depurar su técnica, y luego juzgan a los que decidimos no usar su metodología. No es posible que sean tan pendejos de no ver que hasta los simios se dejan llevar y creen a diario en su capacidad de improvisación. ¿Del bien?, qué decir, no hay por qué hacer más Biblias porque el bien también es instintivo. Los tigres no comen más de lo que necesitan, y no hacen en el planeta a los seres que no les alimentan ni nutren como a los pajarillos pequeños o a las flores. Todo en el planeta, y supongo que en el resto del universo, se basa en la intuición de seguir vivo. No hay teorema ni filósofo ni dios ni horóscopo que se interponga, o que ayude a hacerlo mejor.
Pensar nos debe servir para sobrevivir, y no para generar tratados de la existencia. Sobrevivir es nuestro trabajo, incluyendo el de evolucionar. Pero da la casualidad que sobreviviendo evolucionamos (unos más que otros, claro). ¿Cuál es el pinche afán de querer dominarlo todo?