lunes, 11 de abril de 2011

Adolescentes (vaya gente)


Gritan todo el tiempo, tragan desmesuradamente, se avientan entre ellos, no controlan sus decisiones -ni las más básicas como saludar con gusto o mirarse con curiosidad-; todo les da miedo, nada les da miedo, no comprenden de prioridades, son ridículos para vestir (apenas si saben vestirse por sí mismos), duermen casi todo el día, guardan silencios enormes, generan ruidos irreparables aún peor, vaya: son insoportables.

Pero hay que pasar por ahí.

(intento trabajar en un Starbucks, pero una tercia de alienigenas hembras de entre trece y catorce me están rompiendo las bolas con sus guturales lamentos, y risas falsas o injustificadas o sinsentido, mirando fotos de sus fèisbux en una pequeñita pantalla de un smart phone)

Pero, no puedo negar que me enternecen. Ssssht, ¡silencio!... acaban de llegar los alienigenas machos. Veamos qué hacen entre todos juntos... ... ... ...

Doce minutos después:

Oooooorrrgggggggggg.... ¡ sáquenme de aquí!

viernes, 8 de abril de 2011

Teibolera promedio


¿Qué tal, mi lic?, ¡hacía meses y meses que no se paseaba usted por aquí! Qué de qué, ¿me va a invitar una copa?, o me va a decir que se tiene que ir temprano, por eso de las guardias forenses de mañana, y la manga del muerto… ¿sí?... esos ojitos clavados en mis tímidos pechos quieren decir que sí, verdad?... Jorgito, arrímate pa acá un doble tequilita de la botella que me gusta, del que sólo me tomo cuando estoy sentadita en las piernas de mi lic!... ¡ah, qué mi lic!... ¡qué bonito es que me vengas a visitar! ¡No me vayas a contar que venías a ver a otra!... primero me atiendes a mí, papito, y luego ya te mandas solo. Estas caderas son sólo tuyas en los días en que vienes, porque cuando no llegas, tienen mala memoria, y siguen a otros pantalones cargaditos de billetes. Pero hoy, hoy mi lic, ¡hoy me tienes a tus órdenes!

¡Salucita, mi buen lic!, ¡qué agradable compañía! No han pasado muchas cosas desde aquel quince de septiembre en que te dignaste a visitarme. ¡Míralo nomás qué cabroncito!... me pides que sea tu novia de los viernes, y luego te me desapareces así como así. ¡Ay maditos hombres!... si bien que me lo decía mi madre: ¡son ustedes buenos pa la prometedera, pero inútiles pa la cumplidera!

No no no… no me digas eso, mi lic. Tócale bien y verás que todavía son naturales, ¡nada de operaciones de agrandamiento!, ¡no señor!, este oficio es complicado, si yo lo sé; hay que saberse procurar en buena forma, pa poderles competir a las morritas nuevas que se prueban en los tubos. Si yo soy de las que intenta estar en línea, trabajando las carnes, y los músculos y la elasticidad y todo eso, pero todavía no me he cambiado nada, no he pisado el quirófano y no me han metido cuchillo. O qué… ¿me estas queriendo decir que ya me hace falta?... no chingues, mi lic, ¡si tú eres de mis clientes distinguidos!, no me salgas con eso; tú bien me dijiste en una noche como esta que la carne nueva no siempre es la mejor sazonada.

Aunque déjame contarte que ha estado flojón el changarro. La cuesta de enero nos pega a todos. Aún en los días buenos, jueves, viernes y sabaditos, no caen muchas moscas en este pastel. Y los pocos que se arriman los acaparan la Gina y la Rubí. No te hagas pendejo, ¡si bien que sabes quiénes son esas!... Nomás voltea a tu derecha, y verás un tumulto de pelaos perreandoles y haciendo fila india por un privadito con alguna de ellas. No me vengas con que no están tan buenas. No mientas en eso, valedor. No por hacerme sentir bien. Si todas aquí las odiamos, pero es un odio entendido, de puritita envidia. Son jóvenes, no pasan de los veinticinco. Además, una cosa lleva a la otra; como les va rete bien, tienen plata pa ponerse aún mejor: gimnasios y espás, uñas de cristal, extensiones de las de cinco mil, tetas nuevas cada año, cama de bronceado, pupilentes moraditos, dientes blancos como queso panela, cremas miles pa la piel a todas horas. ¡Chale!.

Habemos otras quince muñequitas aquí que sólo servimos pa bailar en tubo, calentando a los jodidos mirones, mientras ellas levantan y levantan pedidos a granel de los que sí traen plata para malgastar. Si yo he visto los regalos que les traen desde bien lejos. Una vez, la Rubí enamoró a un chilango con negocios turbios –según se rumoraba-, y el romeo aquel le traía todas las noches un vestido nuevo, y la Cometa le alcanzó a ver la marca a uno rojo brillante, y quesque era de buena etiqueta, y quesque era de Liverpúl.

Así como nos ves, muchas dedicamos tiempo a los ensayos, a aprender nuevas suertes pa volar en las alturas de los tubos de la pista. Eso es lo que nos queda. Pasados los treinta, y con este cuerpo de ranchera del montón, sólo el baile y una buena elección de canciones, además de ropita que enseñe un poco de acá y esconda otro tanto de allá, nos pueden traer buena fortuna en una noche en que no vengan ese par de putas acaparadoras.

Ya te lo había contado, mi lic. Si yo tan sólo estoy esperando ahorrar por un par de años más, para mejor dedicarme a otra cosa. Quiero montar un salón de belleza. Yo no sé mucho de cortes de moda, ni de tintes ni de maniquiures, pero la Rosita sí que tiene talento pa eso. Ya quedamos en que vamos a ser socias. Yo compraré el equipo necesario y rentaré el local, y ella se encargará de traer a los clientes. Me va a enseñar todo lo que aprendió de cuando jalaba en Tijuana, haciendo permanentes y rayitos a las bailarinas de la frontera. Ya con eso la hago para que mi Estebitan vaya a una escuela decente, en otra ciudad, porque no quiero por nada del mundo que le anden diciendo los otros escuincles que su madre era una teibolera, y que bailaba encuerada y que se dejaba agarrar las nalgas por unos cuantos billetes de a cien.

No tienes que decírmelo lindo mi lic, ya sé que se acabó mi tequila. Si te pones trucha, le puedes sacar un baile privado a la Gina sin esperar hasta el último turno. Si quieres, yo le digo que te haga la balona, que al cabo eres cliente de aquí desde hace dos años. De cuando yo era la reina del antro, y nadie más me ganaba en caderas.

Ya me voy al camerino. Me toca bailar en tres turnos más. ¡Ándele pues mi buen lic!, y no dude en venir a visitarme otro viernes de pronto. Y aunque esté ocupado de manos al rato, no deje de voltearme a ver cuando ejecute al tubo la nueva de Chayanne ¡que este danzón se lo voy a dedicar a usté!

miércoles, 30 de marzo de 2011

El amigo imaginario de Dios

No hemos vivido lo suficiente, eso me queda claro. Hacemos listados de buenas intenciones cada mañana, luego nos levantamos de la cama (para eso nos sirve hacer listados, para tener motivos para levantarnos) y tomamos un baño, un ligero desayuno, pasamos por una taza de cafè y nos ponemos como meta llevar a cabo las tareas.

Pero las tareas son regularmente intrascendentes, porque nuestras vidas son intrascendentes. Somos un parpadeo en la vida del planeta, un rayo de luz en la del sol, y no existimos para Dios. Por eso Dios nos quiere tanto, porque no le damos guerra. Cuando pretendemos que ya lo sabemos todo entonces nos morimos a la sombra de unos violines contratados por nuestra viuda, y ya quedó.

¿Qué acaso está molesto por mi pesimismo?... no sea usted pendejo. Lo que le revelo es un alivio. Debe de ser un alivio. Ahora salga y bese a la mujer más hermosa que se le cruce por la acera, y hágale una buena broma a su patrón (él también durará poco en el sistema solar.)

Lo único que nos mantiene encarcelados es la creencia de que nuestra vida vale algo más de lo que nosotros mismos estamos dispuestos a pagar por ella. A nadie le importa. A Dios no le importa (a Dios le importa la macro-economía, los números duros. Las estadísticas de Dios se generan por milenio como unidad mínima de medición del tiempo. Dios no sabe aún que nosotros ya sabemos lo de Darwin) Eso es maravillosamente revelador. Asì que dediquémonos a vivir.

(¿que cómo sè tanto del tema?... porque soy el amigo imaginario de Dios, y el muy ingenuo me lo cuenta todo.)


viernes, 25 de marzo de 2011

Neta: amo las ciudades

"Amo las ciudades" / elroko777 / 2003 / gises de colores y potosòp

Valet Parking (o "Cortèz vs Tizoc")

Rico-Pobre / Marta Gil Colomina / artes y diseño gráficos


Llega un sábado en la noche al valet de un bar de Colosio un Jaguar conducido por un caballero vestido de lino y peinado hacia atrás con tres kilos de goma brillante, cediendo las llaves del auto flamante al encargado de turno del servicio de aparcamiento.

Te lo encargo mucho, dijo aquel tipo de no más de cuarenta con una sonrisa condescendiente y un guiño que pretendía inspirarle confianza y camaradería al desconocido que se llevaba su coche a quién sabe dónde.

Adentro:

¡Pinche Roberto!... ya me tenías abandonado. Tenemos tres semanas aplazando esta reunión. ¿en dónde están los demás?... ah qué caray!... y yo que creía que ya venía tarde. Menos mal que no tenías mucho esperándome.

Pues sí, es verdad lo que te dicen. Las cosas han estado mejorando en el negocio. Estoy estrenando Jaguar y planeo llevarme a Magda a Europa para celebrar nuestro aniversario de bodas en un par de meses. Hablando del coche, bien sabes qué feo se siente dejarlo a la buena de Dios en manos de un completo desconocido, en un valet parking. Ahorita que le pasé las llaves al pelado del chalequito amarillo se me revolvió la panza. Míralo bien, tiene cara de mariguano. Yo no sé cómo es que escogen a la gente que trabaja en eso, ¡es una gran responsabilidad!. Le estoy dejando mi coche, que me costó mucho trabajo tener. Pero esta gente nomás no se da cuenta de ello. Ellos vienen y mueven coches a lo wey, sin ninguna precaución, esperando que dé su hora de salida. Estoy seguro de que ese chango viene drogado. Y no me mires así, Robert. Se dice y se dice que este país no sale de sus crisis, y que no hay empleo y que la población no tiene garantías para salir adelante, y que pinche gobierno desobligado y corrupto y que pobres de los pobres. Pero sólo es cosa de ver cómo se las gastan los pobres en las calles, buscando la manera de hacer dinero fácil. Empiezan en las esquinas fingiendo ceguera o que necesitan dinero para una medicina para su moribunda madre, aprovechándose de la compasión y solidaridad de los demás. Luego, cuando ya no les es negocio, pasan a algún lugar donde les paguen por hacer nada más que calentar un asiento. Se van de veladores o de cuidadores de puertas. Ya ves cómo dice acertadamente el papá de Carlos Romero –de los Romero de las cortinas Romero-: “¿quieres ver orgulloso a un indio?... pues ponlo a cuidar una puerta”. Y peor si les das un arma. Entonces son un indio orgulloso y con un arma, y sacará su resentimiento social con prepotencia y despotismo. De esos, mi buen Robert, de esos hay miles, millones en este país. Pero pocos son los que toman el camino largo, el camino de la escuela y de los libros. De todos esos huevones que sólo piensan en el easy money, de cada cien de ellos solo a uno le nace la inquietud de superarse, de estudiar, de crecer, de escalar para ofrecerle a los suyos un futuro mejor. Y si en esta vida te tocó ser carpintero a ti, pues le chingaste para que tu hijo sea ingeniero. Y si te tocó ser ingeniero asalariado, pues le chingaste para que tu hijo sea ingeniero patrón. Y así se van haciendo las empresas, y así se van puliendo los apellidos. ¡pinches perdedores!... espérame tantito Robert, déjame ir a echarle un ojito a mi “yáguar”.

Afuera:

Cómo no señor, acá se lo cuidamos bien… ¡faltaba más!... Te fijaste, mi gomas, eso es lo que te decíamos el pacha y yo el otro día. Qúe fácil es!... qué fácil es llegar manejando, en estos asientitos de piel y el aire fresco y acondicionado en la cara, y el áipod conectado y las rolas de los Róling, y me llama mi mujer, y ¿que onda bebé?, y qué rica cogida la de anoche, y qué vas a hacer hoy?, y vas a ir al Pilates?, y, qué buena te ves con esos pantaloncitos de ejercicio, y no estas gorda, y te quiero y ya me voy, que tengo una junta con unos inversionistas en el Argentilia. Qué pinche fácil debe ser ser rico, acomodadito. Qué fácil llegar a la banqueta y aventarle la llave a un pelado de chalequito amarillo, y decirle fingiendo ser compa ay te lo encargo mucho, amigazo… y que no se me vaya a rayar. Qué pinche fácil, con una morra bien buena, de esas huevonas que solo se pasan el día de la casa al colegio del niño, y luego al Campestre Club, y a bañarse al vapor y desayunito con las Gómez. Y a Altaria y a comprar un vestido y ring ring, y hola cariño!, y acuérdate que hoy vamos en la noche con los Romero –de los Romero de las cortinas Romero-, y ya verás lo que me compré y te va a encantar. Qué fácil debe ser venir y gastarse quinientos pesos en tres tragos, mientras acá afuera se necesitan tres noches agitadas de mover sus cochecitos bien para llevártelos a la bolsa. Qué fácil debe ser estudiar en escuelita de padres y monjas, y misas los viernes y luego a la natación. Luego a la secu de la misma cadena, la prepa, el carrito de agencia de premio por tu esfuerzo al graduarte de bachiller, y escoge una carreara, mi rey, y luego la universidad de tu gusto. Qué duro… ¡qué pinche duro!... y sales, y al negocio de papi. Y las cosas van bien, y contrato más banda, y les pago el mínimo y me ahorro el máximo, y su seguro social, porque hay que ser gente, ¡buena gente!... y así mis hijos, y luego, los hijos de mis hijos, y amén. Yo no sé quién decide en qué cuna naces. Yo no sé si Dios o la Virgen, o el mismísimo diablo. Pero, qué culo de planeta tan injusto. Ahora mismo veme, pinche gomas, llegando a este jale, derrapando por haber salido de la fábrica, y ayer, tú sabes cómo estuvo ayer esto de aperrado –que porque había dos por uno en martínis pa las damas- apenas y dormí dos horas y a seguirle. Por eso es que me veo con cara de moribundo. Ya cuento las horas para llegar a mi casa, y a cenar con la morena y mi morrillo, y a la cama, que mañana será el mismo pinche cuento.


jueves, 17 de marzo de 2011

Huelga huelga huelga

Huelga / anónima


Omití por completo levantarme esta mañana
¿alguien acaso tiene algún problema con ello?

La cama estaba tendida todo el tiempo,
no hice por deshacerla desde anoche

me dormí sin cenar,
y sin meterme a las cobijas,
y sin hacer mis oraciones,
y sin vasito de agua,

y sin ti

Es por eso que no hice nada de nada de lo anterior

Me niego a ir a trabajar si tù no estás a mi lado
cuando despierto

Huelga
huelga

me faltan tus pezones alineados,
deseándome una buena jornada.

Rosarito

Anciana parecida a mi tìa Chayo (Rosarito) / anònima


No te dieron

una mente fascinante

ni estatura, ni belleza,

ni unas tetas de revista,

ni voz,

ni tesitura de cantante.


No te dieron

un anillo de brillantes,

ni una bolsa de alegrías,

ni una vida de sonrisas,

y no te dieron recetados (nunca nunca)

coctelitos de calmantes.


Pero Rosarito, pero

-pero-

mientras existiera coca-cola, los Raleigh y los Montana,

despertadores descompuestos,

siete casillas continuas -en horizontal-

en el calendario en numerito rojo

(como de fines de semana),

batas de flores de descanso para toda la mañana,

solitarios en la mesa, compañeros para el dominó,

para amanecer chingando a su madre todos

bien cagados de la risa,


mientras tanto, Rosarito

valía la pena la puta vida.


(seguramente,

ahora mismo estás enseñándole a los naipes

a Pedro Infante:

"¡mueve ese culo, maricón!")