sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Cómo has hecho para burlar a la muerte?


Flores / elroko777 2007

Pequeñito Sebastián:
¿Cómo has hecho para burlar a la muerte hasta hoy?

¿Pues qué le has dicho al oído, guapo?
¿cómo se le enamora, para que te dé un día más de vida
y un día más
y un día más
y uno?

jueves, 24 de noviembre de 2011

Sobredosis de reflexión




Hemos matado los procesos intuitivos a partir de la socrática idea de reflexionarlo todo. ¿Qué sería del león si después de devorarse un ciervo se detuviera a reflexionar sobre el hecho?

La idea de que somos la especie superior gracias a nuestra capacidad de reflexión y análisis ya no me la trago. (Ejemplo:) La cualidad de producir para mejorar nuestro modus vivendi y nuestro statu ha llevado al colapso a la especie misma y a todas las demás con las que compartimos el planeta. Y la cosa va pa largo, porque nos negamos a entender aunque todo el pinche día lo malgastemos en reflexionar.

La reflexión malentendida es un acto de racionalización, y la racionalización es un acto de evasión de la realidad. Si mi cabeza insiste en reflexionar sobre el hecho del por qué le destrocé la nariz a golpes al pendejo que chocó contra mi coche, es porque seguramente está buscando una respuesta racionalizada que evada mi responsabilidad sobre el suceso para convertirlo en un heroico acto de justicia (“vaya, alguien debía darle una lección a ese imbécil”.) Lo más impactante es que seguramente dejaré de dormir varias noches (porque mi más interno yo intuye que me manché con aquel mexicano), tiempo que invertiré en racionalizar más y más sobre esto, hasta venderme (mediocremente) la idea de que el tipo se lo merecía.

Y así vamos acumulando experiencias, y así las vamos sobre-reflexionando. Y nuestra actitud ante la vida está dictada por una sobredosis de reflexión aplicada en cada cosa que nos sucede, y entonces sólo vivimos a partir de lo que sucede afuera de nosotros, y sólo reaccionamos a partir de lo que se presenta en el exterior. Y entonces vienen las gripas, y las úlceras y las colitis, y la calvicie y la disfunción eréctil, y hacemos de la medicina correctiva una efectiva manera de seguir evadiendo los procesos más primitivos de los que fuimos dotados (sigo hablando de la intuición.)

El sistemático método de la reflexión omnipresente inhibe hasta la muerte el inherente software de la intuición. Los niños (mejores por más limpios portadores de la programación natural y genética) hacen y actúan por convicción no pre-analizada, porque confían en su intuición. Es cuando los mayores aparecen con sus sermones morales y aleccionadores cuando éstos –los niños- comienzan a reflexionar sobre todo lo que les sucede alrededor, y pasan así a perderse en el miedo de ser mal-juzgados (y bueno, pues se convierten en adultos.)

El hombre no necesita reflexionar demasiado. La reflexión aletarga a los reflejos, y los reflejos no sólo son actos físicos, sino también conductuales. Es por ello que unos niños jugando lograrán más rápidamente ponerse de acuerdo en sus relaciones interpersonales aplicables a ese instante, que un puñado de adultos en siquiera consensuar el orden del saludo, porque ya lo fueron reflexionando desde antes de llegar a una reunión.

Ya se habría suicidado el león, de tener la capacidad de reflexionar sobre sus actos. O ya habría politizado el evento, o habría impuesto una moneda de cambio o fundado una religión anti-sangrienta. Y como ahora me descubro reflexionando demasiado sobre este asunto, me voy a seguir trabajando en lo mío porque sé de antemano que, como asegura George Steiner, el pensamiento humano no hace más que dar lástima. Entre muchas (probablemente diez) razones, porque lo que reflexione un hombre hoy, mañana será cosa del olvido.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Soneto del odio (a un mal Dios)


Este amor que te profeso intacto
que es invisible ante la ira ciega
destapa y levanta la falda turbia
de un dios que se encendió de vernos

El día en que nos besamos tan desnudos,
la noche en que juramos no invitarle,
a hacer de nuestro hijo tierra y lluvia
de su credo infatigable del incendio.

Nos amamos, y por eso somos carne
de este hijo que no quiere su bautizo
en la pila de la intacta historia

La que cuentan los insomnes sotaneros
de sotanas blanquecidas a galope
de la más insoportable hipocresía.

martes, 8 de noviembre de 2011

Así es mi tierra, compadre


Janitzio Michoacán, Mex. / Octavio Mestre / 2010

Acá,
amigo barbado,
los muertos comen y se indigestan
(por lo menos una vez por año)

Cantan,
nadan, pescan,
bailan, beben tequilita

Y bueno
(que si le preguntas al padrón del PRI)
hasta votan para elegir a su nuevo presidente.

Así es mi tierra,
me cae de a madres.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Te dije que no.


No quisiera rayarte la vida
con este plumón tan auténticamente negro,
ni mojar tu entrepierna endulzada
por el dios del estreno
con mi lanza desgasta de su punta.

Hube de decirte que no
cuando estás desnuda en mi cama,
cuando ríes de estar segura
de que es la hora de la mágica entrega inmediata.

Te dije que no,
por quererte bastante,
y no es que sea esto un acto de heroísmo.
Es en realidad una carta de ayuno obligado,
un mejor que te tenga quien se pueda quedar más de un día.

Soñamos de jóvenes nosotros
con perforar todos los pozos posibles,
pero la putería y la conciencia de la belleza
-que sólo las dan los años-
nos obligan a no erosionar los campos de las flores silvestres
(y a mirar sin pisar nada, y a luego irnos)

Mi padre era un caballero
(uso el verbo en pasado
no porque haya muerto,
sino porque se jubiló de tal oficio
para dedicarse a la sabiduría)
y, aunque nunca me enseñó las artes de su ocupancia,
me dejó un legado silencioso
de actos que engrandecen al hombre

huyendo

huyendo.

justo como yo hago ahora contigo
pidiendo que te vistas y que mejor enciendas la tele.
Darán una peli de Fellini a las ocho,
abrázame y quedémonos callados.

lunes, 24 de octubre de 2011

La nefasta filosofía de la Chica Cosmo




Cómo hacer que te adore en la cama. Nueve maneras de retenerlo a tu lado sin derramarle una lágrima. Tips infalibles para que sólo te mire a ti. Hazlo un adicto sexual en la primera cita. Cómo exigir un diamante para tu mano sin tener que pedirlo. La guía de los veinte pares de zapatos que deben estar en tu guardarropa. Los cuatro cirujanos plásticos de moda en la ciudad.

¿Acaso no son estos los encabezados de portada en las revistas para la mujer contemporánea? Y todo se reduce a tres cosas: consigue un hombre y mantenlo a tu lado, ten una boda mejor que las de todas tus amigas, y viste y luce siempre mejor que ellas. En eso radica la vida de una chica Cosmo. Todos los contenidos y secciones son consejos y rutas para obtener el éxito en la vida, y el éxito en la vida está contenido en esas tres finalidades.

Pues bueno caballero, que para eso querían ellas liberarse. Tanta pancartería desplegada en todo el siglo pasado para llegar a pelear el derecho a tener un hombre y retenerlo, la posibilidad de protagonizar una boda de ensueño, y aspirar hasta lograr verse siempre como una protagonista de telenovela.

La chica Cosmo, que a todas luces representa el prototipo de la mujer contemporánea, evoluciona creativamente el concepto de príncipe azul de cuento agregándole una muy estirable tarjeta de crédito a su billetera. Los demás requisitos no parecen variar demasiado: guapo pero sin que su vanidad le distraiga para trabajar como esclavo, inteligente pero fácilmente chantajeable, sociable pero nunca el alma de la fiesta. Un tipo simple, que guste de los rudimentarios deportes y de las herramientas de mano. Ah, pero eso sí: convenientemente adicto al sexo y al trabajo.

El varón de la chica Cosmo es más bien una especie de accesorio con una vocación plurifuncional, como si se tratara de un collar adecuado a usarse en martes para la oficina y el sábado para salir de noche. Un empleado que resuelva todo lo operativo de su vida, y que también se haga cargo de liquidar todas sus cuentas. El pago a cambio parece simple: sexo, sólo sexo. La chica Cosmo ha desarrollado la creencia de que los hombres somos animales que no hacemos más que desear su vagina, y a cambio de tenerla estamos dispuestos a matarnos los unos a los otros.

De ahí se derivan el otro par de obsesiones. La segunda, la boda espectacular. Esta aberración al culto republicano es más bien una graduación, el desbordado alarde de haber obtenido una máquina para trabajar (un varón-tractor), y estar firmando justamente el vitalicio contrato de compra-venta.

¿Que por qué es famosa la leyenda de que a los hombres nos indigesta el matrimonio con una chica Cosmo?, fácil, pues porque realmente no sabemos qué suelo pisamos, ni en qué nos estamos metiendo. ¿Que cómo saber si usted está a punto de casarse con una de ellas?, más fácil aún: revise en las cuentas si el vestido que llevarán las damas de honor es más costoso que el austero atuendo gris que portará usted para el evento que está pagando. Es sabido que ahora se estila que en la foto de bodas sólo salga la novia.

Y toda la parafernalia requerida para la vida cotidiana posterior cumplirá con la tercera pero no menos importante fijación: verse siempre bien. La marca de la ropa (y por tanto el precio de ésta) es el símbolo de lo bien amados que estarán ella y sus hijos. Para esas alturas, el sexo –por obvias razones gravitacionales- dejó de ser la carnada que tenga al varón encadenado a la chica Cosmo, para en su lugar instalarse como tópico de manipulación el estatus. Así es que se nos vende que, para que podamos pasearnos por la calle con la frente muy en alto y el apellido bien lustrado es necesario que nuestra señora referencie su residencia en un código postal destacable, que se traslade en un camionetón de antología, que hable por Nextel en los semáforos más chic de la ciudad, que lleve y traiga niños con uniformes de colegios bien, y de clases de natación al ballet o al tenis. Para las chicas Cosmo todo –dije todo- todo es apariencia.

Pero para los casos en que se les revela el esclavizado marido existe el divorcio. Se sabe incluso de unas viudas negras en L.A. que planean ya no con quién han de casarse, sino de quién habrán de divorciarse. Para la Cosmo el divorcio es el negocio de la vida.

Oh, la chica Cosmo. Proliferación enfermiza de una sociedad de consumo que asume sofismas bien entretejidos como el “compro, uso, tiro (ah, y luego existo)”. ¿En qué momento, siglo veinte, diste más presencia de palabra a Marilyn Monroe que a Simone de Beauvoir?

miércoles, 12 de octubre de 2011

La vida es muerte (y viceversa)


Que la libertad sea un comentario de sobremesa,
un párrafo enfatizable en el discurso de un candidato,
no. Increíble.


Los inanimados colapsos del universo,
los de las escuelas primarias
y las esposas que usan -todavía-
su anillo de diamante,
son casualidades del mundo crudo,
cruel.

Las contracciones de la mujer
que ahora mismo está pariendo a un inmortal
destinado a morir,
y la lluvia de resaca del huracán,
y la canción del huracán,
son casualidades del pequeño momento:

Del momento de la vida.

Ese del que yo le hablo es un momento muy diminuto,
con respecto a la magna inmortalidad de la muerte.

O bien,
(y aunque no me lo crea)
resulta que la vida es asfixia
mientras la muerte respiro vital,
vida eterna.

Ni siquiera hemos podido entender eso,
y por ello invertimos demasiado tiempo en el gimnasio.