domingo, 20 de mayo de 2012

Sequía (negligencia de Tláloc)

¿Una llovizna y ya te crees que hiciste el trabajo? / Eso de ser un dios mítico se te ha venido a la cabeza / con actitudes arrogantes. / Debes tomar en cuenta que se te requiere con urgencia / en las bodas de los sapos / y en los festejos de los niños / en los balnearios. / En las venas de los árboles silenciosos, / y en la rienda de los ríos que a su vez alimentan al mar / que a su vez / convierte el oro de agua dulce en salada / en indomable e inservible para la gran mayoría de los que nos da por suplicarte / que ya te pongas a trabajar.

viernes, 27 de abril de 2012

¿En qué me voy a convertir?

Al paso de los años, de la vida, ¿en qué me voy a convertir? / Si somos nosotros, los afortunados que pisamos el planeta en formato humano, masa semi-líquida que va tomando la forma del camino / (si la dura piedra lo hace cuando rueda por el río, ¿por qué no los que somos de materia aún más dúctil?) / Acaso un imbécil que roba a los creyentes, acaso un caritativo hombre costilla de Dios Padre, acaso un ladrón que acosa transeúntes, acaso un vagabundo sin perro que le ladre. / Me seré visto al tono de las canas como un coleccionista de trofeos exquisitos, un obseso golpeador de indisciplinas, caminero de caminos cuesta abajo, reluciente lustrador de hipocresía. / Me conservo para ello -para todo ello, lo anteriormente aún no dicho, los ejemplos que el pudor me impide, las figuras que hoy olvido- listo en cuanto a moldeado se requiere. / Sólo debo salir a la calle o quedarme en casa, usar el baño propio o el ajeno, y entonces mágicamente iré tomando la forma que la superficie me conceda / La palabra destino la inventó un vendedor de sueños, un charlatán que vivió bien y comió bien y bebió bien mientras hubieran esperanzados engordando su bolsillo.

lunes, 23 de abril de 2012

Pecados a la venta

A cada cual su bicicleta, que todos sepan para dónde se trasladan. Comienzan las fiestas patronales, y los niños y los ancianos prometen no comer más azúcar de lo que diga mamá. Lavadas las manos de éstos -me refiero a los prudentes- es día, es noche de ensuciarse un poquito. Se cubran la cara las que se cubren la cabeza con velos, antes de entrar a los templos. Lo que viene no es cosa de risa, es pecado a borbotones; es comida chatarra comprada en donde regalan boletos de primera fila para el infierno. Vaya pues usted por su regalo, que ya el siglo veintiuno se comienza. Tiene un poco de grasa lubricante para todas las cadenas, y un tanto de limón de contrabando para todas las cervezas.

miércoles, 18 de abril de 2012

"Yo soy Dios"



Yo soy Dios, gritaba un dios extraviado en la azotea de cualquier edificio de cualquier barrio de cualquier cuidad del tercer mundo.

Ese Dios gritaba a los transeúntes desde un bloque de departamentos de siete niveles. Se agarraba fuertemente del pretil de la fachada que daba a la calle once –o doce o trece-, en donde cientos de caminantes solos o acompañados miraban al piso. Miraban apenas a sus propios pasos, sin tener en cuenta lo que sucedía en el cielo improvisado por el dios de una azotea, que se asía temeroso de lo que fuera, -acrofóbico- para dar un mensaje a la humanidad.

La humanidad de la calle once de la ciudad extraviada del dios extraviado, no representaba fielmente a la humanidad completa. Pero eso no lo sabía Dios, que aclaraba su garganta para comenzar a dar un discurso de despedida.

Me voy porque ya no me necesitan –comenzó-. Han crecido tanto como yo nunca lo hubiera imaginado. Ahora tienen autos de lujo y de excelentísima alta tecnología. Tienen edificios inteligentes y computadoras que hacen la gran parte del trabajo.

Me da gusto ver cómo se han organizado de tal forma, que ya tienen horarios para todo. Han construido los templos necesarios para adorarme, en cualquier modalidad en la que me imaginen, y ya tienen un espacio en todo hogar para mis figuritas de porcelana.

Estoy impresionado gratamente de mirar cómo han depurado las artes de matarse de una forma u otra. Tanto en las sanguinarias batallas por la supremacía de la creencia, de la raza, del poder, de la energía; como en los lentos genocidios macro-económicos, donde los pobres se van desvaneciendo de uno en uno, de cien en cien, de mil en mil, para así dar paso a la bienaventuranza de los que pueden y saben vestir Lacoste.

Ahora tengo la certeza de que triunfará en todo momento el más fuerte y el más apto para gobernar al resto de los mortales, aunque en el camino se queden sólo unos pocos cuantos elegidos. Parece que por fin aprendieron las enseñanzas ocultas entre las líneas de mi bestseller: “el arca de Noe”.

Sacó de su bolsillo una botella de Ron Bacardí blanco (¡a huevo!), apuró un trago casi eterno que acabó con el contenido restante, se subió al murete bajo, abrió los brazos, miró al cielo, pegó el brinco y cayó después de precipitarse al suelo.

Una decena de curiosos rodeó el cuerpo del dios del suicidio. Se distinguía de entre el charco de sangre el saco roído y con olor a orines de un malviviente que yacía como perro muerto, atropellado a media calle. El silencio sereno y natural de los que ven una gracia de mimo callejero se rompió cuando un transeúnte le preguntó al extraño de al lado que quién era el loco que se había quitado la vida al brincar desde una azotea.

El tendero de la esquina, que también miraba impávido aquel morboso espectáculo, respondió sin mirar al que preguntaba: era el dios de la colonia. Con él van nueve los dioses que se suicidan en la ciudad en lo que va del mes. Curiosamente, todos han argumentado haberse quedado sin empleo. ¡Maldita crisis!

Una buena mujer que acudía a la escena, cubrió el rostro del cadáver con una bolsa plástica de Superama. Todos los demás siguieron sus caminos más aprisa. El incidente representó un retraso en las agendas de éstos.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Obsesiones / calcetines / diamantes




De pronto
las colonias de hormigas
sugiriendo maltratar al planeta
con baba de incendio,
ilustraciones de Marilyn
y sexo oral inconcluso
(porque alguien quiere usar el baño)
noc noc...
¿ocupado?

¡Para!

De pronto
calcetines arrugados
sin permitir la corrupción de la plancha
-porque nadie plancha los calcetines,
solamente los neuróticos anónimos
que dejaron el grupo de apoyo
a falta de resultados contundentes
(nadie entiende que este juego es
de paciencia)

Ni Dios,
que apura el trago
y escupe
y entonces llueve y ahoga Tabasco
y de pronto-

Una mujer se desnuda
y pide al tiempo
un anillo de diamantes
(la obsesión de las mujeres
con los diamantes)

¿habrá algo más obsoleto
que la plancha masturbándose
con un calcetín deprimido
por estar arrugado,

o una mujer
admirando un diamante
incrustado en un anillo,
desde la vitrina de una joyería?

lunes, 19 de marzo de 2012

Resucitamos (carta a Priscila)




No sabe nadie
que comenzaremos una función de circo
con la canción de:
"abrigo desde el infierno".

¿Cómo hemos podido sobrevivir
a la hambruna?

Dios le pagó a Satán
para que nos golpearan unos sicarios
y ahora -después de la muerte-
compartimos cama de hospital,
y nos curamos a lengüetazos las heridas.

Estoy seguro de que estamos muertos
-Priscila-
porque nadie sobrevive al hundimiento del alma.
Porque nadie canaliza para bien
el abandono de la corrupta y malvendida esperanza.

Estamos muertos
pero nos rehusamos a descansar en nuestras tumbas.
Preferimos ir al cine,
y a comer en los restaurantes más aseados,
y tomamos café y a veces lo endulzamos.

Evitamos los ataúdes que nuestros padres
y nuestros hermanos pagaron para nosotros,
y mejor usamos una cama y la mojamos
con nuestro jugo de sexo,
y asustamos como hacen los fantasmas
a todo el pinche vecindario.

Estamos muertos
-Priscila-
pero cada mañana
(de lunes a domingo)
gracias al ingenuo amor
resucitamos.

Poetas cliché




Los poetas son clichés
cuando se pasean pateando una piedra
por su calle.
Cuando se creen que la belleza está
sólo en los muros de piedra salitrosa
o de ladrillo malpuesto.

Los poetas sufren
para decir que sólo sufriendo
se puede escribir la buena poesía.
Y se creen los idiotas que la poesía
sólo se puede dar a luz con la palabra,
y no saben de la sombra,
ni del color,
ni del aroma
ni de la piel ni de lo húmedo del agua.

Los poetas cliché
son unos incomprendidos,
a consecuencia de que
no comprenden ellos de nada.