
viernes, 25 de marzo de 2011
Valet Parking (o "Cortèz vs Tizoc")

Llega un sábado en la noche al valet de un bar de Colosio un Jaguar conducido por un caballero vestido de lino y peinado hacia atrás con tres kilos de goma brillante, cediendo las llaves del auto flamante al encargado de turno del servicio de aparcamiento.
Te lo encargo mucho, dijo aquel tipo de no más de cuarenta con una sonrisa condescendiente y un guiño que pretendía inspirarle confianza y camaradería al desconocido que se llevaba su coche a quién sabe dónde.
Adentro:
¡Pinche Roberto!... ya me tenías abandonado. Tenemos tres semanas aplazando esta reunión. ¿en dónde están los demás?... ah qué caray!... y yo que creía que ya venía tarde. Menos mal que no tenías mucho esperándome.
jueves, 17 de marzo de 2011
Huelga huelga huelga

Rosarito

No te dieron
una mente fascinante
ni estatura, ni belleza,
ni unas tetas de revista,
ni voz,
ni tesitura de cantante.
un anillo de brillantes,
ni una bolsa de alegrías,
ni una vida de sonrisas,
y no te dieron recetados (nunca nunca)
coctelitos de calmantes.
Pero Rosarito, pero
-pero-
mientras existiera coca-cola, los Raleigh y los Montana,
despertadores descompuestos,
siete casillas continuas -en horizontal-
en el calendario en numerito rojo
(como de fines de semana),
batas de flores de descanso para toda la mañana,
solitarios en la mesa, compañeros para el dominó,
para amanecer chingando a su madre todos
bien cagados de la risa,
mientras tanto, Rosarito
valía la pena la puta vida.
(seguramente,
ahora mismo estás enseñándole a los naipes
a Pedro Infante:
"¡mueve ese culo, maricón!")
miércoles, 9 de marzo de 2011
Con una chingada: te amo

lunes, 7 de marzo de 2011
Del Catolicismo y unos cuantos cuentos de hadas

Antes de comenzar a externar mis opiniones sobre un tema ya de por sì delicado, me declaro un ciudadano respetuoso de la libertad de creencia.
Sin desconocer el contexto, por haber nacido en éste, un país netamente católico, y por haber cursado mis primeros y segundos años de colegio en instituciones religiosas, me atrevo a soltar ante el lector la siguiente hipótesis de opinión: el dogma Católico es un reduccionista cuento de hadas.
Me explico a continuación:
Como toda religión, la católica ha debido recurrir en sus inicios a la mitología para hacerse entender ante un público mayormente analfabeta. Así, desde el antiguo hasta el nuevo testamentos, los autores se vieron en la necesidad de hacer uso de la metáfora para explicar a los ciudadanos de a pie los conceptos que planteaban. Digamos, los valores universales que, según este dogma, se debían seguir para llevar una vida espiritual plena.
El problema con lo anteriormente expuesto es que, por naturales conveniencias políticas y de apego al poder, las altas esferas del gobierno eclesiástico han visto necesario alimentar las ambigüedades filosóficas de su religión por medio de estos cuentitos para dormir. Y así, los fieles no tienen más que creer a pies juntillas que la mar se abre, que los muertos resucitan, que las vírgenes les llaman, que los santos de barro lloran sangre, etcétera, etcétera, etcétera.
En pleno siglo XXI podemos ver en los países menos desarrollados –como el nuestro- que la gente desarrolla a diario la creencia de que las cosas caen del cielo, y que sólo basta arrodillarse y orar fervientemente para que una situación se solucione. Somos individuos que tenemos medio prohibido escuchar a la ciencia (ya no digamos leerla), y solemos ver con recelo a las artes que invitan a dar rienda suelta a las pasiones humanas como la sexualidad y la natural búsqueda del placer.
Lo que nació como una forma platicada y entendible de domesticar al instinto y trazar un camino para lograr una sana vida espiritual, hoy se ha vuelto un grillete pesado que obliga al alienado individuo a no pensar, y a abandonar toda perspectiva de libre albedrío, para ejecutar automáticamente la monopólica visión de la Santa Madre.
Nada nos separa del fundamentalismo islámico, cuando aseguramos que la única forma de alcanzar la inmortalidad es haciendo lo que las sotanas obligan, asumiendo que tales figuras de poder apenas y entienden el mundo desde los ojos de la filosofía pre-renacentista.
México es un pueblo analfabeta en concepto, que no lee más que la nota roja, o la del corazón. Que no sabe degustar el arte que no sea popular, que no conversa sobre ética, que confunde la moral con la fe, que basa su suerte en fetiches de yeso y colguijes de madera, que funda el diálogo con su dios a partir de versos de autoflagelación repetitivos automáticamente –como el Santo Rosario-, que no encuentra diferencia entre la espiritualidad y la superstición. Que no logra indagar los contrastes entre el auténtico ritual, y la pintoresca tradición.
viernes, 4 de marzo de 2011
Soy feo

Soy feo. Nací feo, muy feo. Nací en un sanatorio de feos, en manos de doctores feos y enfermeras y camilleros y pacientes feos; en una comunidad donde todos son feos por tradición.
Decidí no darme por vencido tan fácilmente. Al confirmar que los deportes no eran lo mío, me refugié en los libros. Habían otras historias en el cine donde el tipo brillante le ganaba la chica rubia al orangután de gimnasio. Pero, amigos, a los quince la realidad es totalmente otra. Además de corroborar que los libros no sirven de nada sin una memoria de elefante; y la mía es apenitas de ratón.