miércoles, 4 de enero de 2012

La rutina





Una familia que se quedó sin casa después de una tormenta de nieve, emigra a un albergue que les asignó el ayuntamiento mientras se les soluciona su problema. El traslado con las pocas cosas que les quedan es cansado y entristecedor. La primera noche en el albergue es irremediablemente en vela. Después de seis días de adaptarse al nuevo e improvisado lugar, la familia de la que le hablo es avisada que tendrá que emigrar a un albergue más lejano, aunque más comodo. Los miembros de este grupo afligido se reúnen y vuelven a empacar, y se sienten nuevamente frágiles. Ya habían hecho una pequeña rutina de despertar e ir a buscar el baño y luego agua para el café y caminar unas cuadras para recoger un desayuno que les donaban de un restaurante con conciencia social. Luego venían los paseos por el parque y la preparación de la comida para todos los demás damnificados, que era asunto de convivencia con los otros pares, y luego las cartas y el dominó y las conversaciones con diversos desafortunados similares, y a dormir. Y ahora se tienen que ir otra vez.

La rutina tiene su razón de ser. Creo que la construimos a diario por instinto, para sentirnos seguros de algo, quizá del caos.

martes, 27 de diciembre de 2011

El alma (instrucciones de uso)




Sacar al sol unos minutos por la mañana / cuidarla del exceso de caricias -por no provocarle algún cáncer del ego- / bañar con agua pura, no sugar, o café de Chiapas, o tinto, o tequila / vaciarle lo acumulado en la memoria de lo crudo, de lo calvo o de lo arrugado; lo incoloro, lo inoloro, lo indoloro o lo plastificado / y nunca nunca cambiarla por un electrodoméstico, o venderla por un jugoso contrato de prestación de servicios, o un piso en Polanco.

No, no tiene repuesto, y cuando se rompe pareciera que ya no sirve / pero al paso de los días y los meses y los años trabaja aún mejor / y no le vienen mal las cicatrices.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Los besos del sol




Los besos del sol queman / ilustran a la masa lo que no se debe hacer al acercarse a él / el dios sol no tiene derecho a amar, sólo a proveer / cada cómo, cada cuál, cada si (if), cada qué / son preguntas de las amantes que dedican sus noches a soñar con otros seres masculinos, pero no con el sol / ninguna mujer se ha enamorado del sol / porque el rey del fuego no sabe hacer suspirar a una mujer.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Vas a morir pronto (amar es estar seguro de que...)




Conocernos para después besarnos,
caminar de la mano, hacer planes para el futuro.

Estar vivo reclama un tanto de idiotez constante.
La idiotez de la que hablo
compartida se endulza mejor.

Amar a pierna suelta
es estar seguro de que vas a morir pronto.

Olvido maltrecho




Organicé un espacio en mi casa para el olvido / y le pedí solemnemente y por carta que me acompañara / cociné en jueves ilusiones que ya habían emigrado el martes, y unos dulces de hielo que al calentarse en el horno despedían su mejor olor / pero la mala costumbre de mi amigo se volvía a lo suyo, y olvidó nuestra cita otrora acordada / Yo, que no me olvido de sus descortesías tan fácil / me recuerdo a cada mañana que el olvido se olvida de mí.

domingo, 11 de diciembre de 2011

El huracán




El huracán pasó por nuestro encima
y se llevó a su paso lo más frágil.

Lo más fuerte fue removido,
puesto a prueba.

Los árboles se lastimaron,
pero enraizados como están perduran atados a la tierra.
Las paredes y los techos de nuestra casa
fueron invadidos de humedades,
pero no volaron por los aires.

Mi mujer
-que es muy fuerte-
quedó arraigada a un barandal
y yo después de rodar por el jardín
me guarecí dentro de un armario vacío.

Nosotros, los que somos fuertes,
y nuestros amores fuertes por viejos amores
se quedaron mareados,
húmedos, miedosos pero a salvo.

El huracán se llevó lo más frágil:
los cristales de las ventanas,
las hojas sueltas de los árboles
y el huerto que habíamos sembrado juntos
-con la intacta ilusión de los que siembran-
hace apenas treinta y dos semanas.

Pero nada quedó de ello.

El huracán es un estornudo de Dios.
¿y, quién se cree importante
para negarle su derecho de soplar?

Por eso, y para no llorar de más,
es mejor saber y recordar que Dios
sonríe siempre
después de que estornuda.

sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Cómo has hecho para burlar a la muerte?


Flores / elroko777 2007

Pequeñito Sebastián:
¿Cómo has hecho para burlar a la muerte hasta hoy?

¿Pues qué le has dicho al oído, guapo?
¿cómo se le enamora, para que te dé un día más de vida
y un día más
y un día más
y uno?