viernes, 20 de enero de 2012

Deseo que nunca




Que te atropelle un ebrio,
que te caiga auditoria de software
que pierdas la llave del coche en un estadio.

Que te rompas un femur, que te intoxiquen las gambas
que te metan al bote y te viole un Salvatrucha;
que te roben el áifon,
que te humillen al cantar karaoke.

Que te engañe tu mujer con un argentino,
que te obligue tu jefe a lustrarle sus botas.
Que no llegues a tiempo al altar
el mero día de tu boda.

Que te despidan por ebrio,
que te asalten la pensión de anciano
que tu equipo visite por largo periodo
la segunda división.

Que te maldiga tu madre,
que te partan la cara por verle las nalgas
a una señorita acompañada.
Que te descubran la mota
y te carguen, y llegue la Tribuna
y salgas mañana en primera plana.

Que tengas un mal día,
y que nadie te llame en tu cumpleaños,
y un mal diciembre
sin hijo,
ni árbol ni libro,
sin regalos.

Pero que nunca
-carnal-
nunca
te abandonen tus hermanos.

lunes, 9 de enero de 2012

Ser un poco libre




Incluso si se fueran corriendo serían alcanzados.
Los niños no corren tan rápido
pero llevan la fortuna de que nadie
-realmente nadie-
les persiga.

Pero es una aventura correr cuando se es pequeño,
y huir de nadie, pero huir.
Saludar desde la ventanilla del auto a un desconocido
y huir.
Timbrar en la casa de un extraño,
y correr y huir.
Escupir desde un puente peatonal
hacia los coches que circulan
a toda velocidad y
-aunque nadie se detenga a reprenderles-
atinar un gargajo, y correr,
y huir.

Ser un poco libre.

miércoles, 4 de enero de 2012

La rutina





Una familia que se quedó sin casa después de una tormenta de nieve, emigra a un albergue que les asignó el ayuntamiento mientras se les soluciona su problema. El traslado con las pocas cosas que les quedan es cansado y entristecedor. La primera noche en el albergue es irremediablemente en vela. Después de seis días de adaptarse al nuevo e improvisado lugar, la familia de la que le hablo es avisada que tendrá que emigrar a un albergue más lejano, aunque más comodo. Los miembros de este grupo afligido se reúnen y vuelven a empacar, y se sienten nuevamente frágiles. Ya habían hecho una pequeña rutina de despertar e ir a buscar el baño y luego agua para el café y caminar unas cuadras para recoger un desayuno que les donaban de un restaurante con conciencia social. Luego venían los paseos por el parque y la preparación de la comida para todos los demás damnificados, que era asunto de convivencia con los otros pares, y luego las cartas y el dominó y las conversaciones con diversos desafortunados similares, y a dormir. Y ahora se tienen que ir otra vez.

La rutina tiene su razón de ser. Creo que la construimos a diario por instinto, para sentirnos seguros de algo, quizá del caos.

martes, 27 de diciembre de 2011

El alma (instrucciones de uso)




Sacar al sol unos minutos por la mañana / cuidarla del exceso de caricias -por no provocarle algún cáncer del ego- / bañar con agua pura, no sugar, o café de Chiapas, o tinto, o tequila / vaciarle lo acumulado en la memoria de lo crudo, de lo calvo o de lo arrugado; lo incoloro, lo inoloro, lo indoloro o lo plastificado / y nunca nunca cambiarla por un electrodoméstico, o venderla por un jugoso contrato de prestación de servicios, o un piso en Polanco.

No, no tiene repuesto, y cuando se rompe pareciera que ya no sirve / pero al paso de los días y los meses y los años trabaja aún mejor / y no le vienen mal las cicatrices.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Los besos del sol




Los besos del sol queman / ilustran a la masa lo que no se debe hacer al acercarse a él / el dios sol no tiene derecho a amar, sólo a proveer / cada cómo, cada cuál, cada si (if), cada qué / son preguntas de las amantes que dedican sus noches a soñar con otros seres masculinos, pero no con el sol / ninguna mujer se ha enamorado del sol / porque el rey del fuego no sabe hacer suspirar a una mujer.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Vas a morir pronto (amar es estar seguro de que...)




Conocernos para después besarnos,
caminar de la mano, hacer planes para el futuro.

Estar vivo reclama un tanto de idiotez constante.
La idiotez de la que hablo
compartida se endulza mejor.

Amar a pierna suelta
es estar seguro de que vas a morir pronto.

Olvido maltrecho




Organicé un espacio en mi casa para el olvido / y le pedí solemnemente y por carta que me acompañara / cociné en jueves ilusiones que ya habían emigrado el martes, y unos dulces de hielo que al calentarse en el horno despedían su mejor olor / pero la mala costumbre de mi amigo se volvía a lo suyo, y olvidó nuestra cita otrora acordada / Yo, que no me olvido de sus descortesías tan fácil / me recuerdo a cada mañana que el olvido se olvida de mí.